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Las nuevas tecnologías convierten en negocio las aguas residuales

La reutilización de aguas residuales urbanas es ya una práctica habitual en la mayoría de los países desarrollados y se considera un recurso hídrico alternativo que debe ser tenido en cuenta y que forma parte del ciclo hidrológico. Previamente depuradas y tratadas a diferentes niveles, las aguas residuales tienen ante sí un extenso abanico de posibilidades para su reutilización. Pero, hasta ahora apenas se aprovechan para el riego, cuando el agua residual y sus contenidos sólidos, los fangos, han demostrado ya, a través de diversas investigaciones, su potencial y sus posibilidades de convertirse en materias primas de primera línea.residual2

Biogás, biometano, bioplásticos, biofertilizantes, anticorrosivos y hasta neutralizadores de olor. Las investigaciones españolas y europeas han obtenido resultados reales y aplicables no solo a las propias plantas depuradoras -que están en disposición de autoabastecerse energéticamentesino a las cadenas de producción de sectores e industrias de todo tipo, ya que tienen valor para crear y fabricar productos. “Hace falta un cambio de paradigma que permita ver el agua residual como un recurso, una gran oportunidad de negocio, y no un problema como se ha visto y aún se ve”, señala Frank Rogalla, director de Tecnología e Innovación de Aqualia.

Se investiga cada vez más para aprovechar los residuos extraídos de la depuración para convertirlos en productos útiles. Las grandes empresas del agua invierten en estaciones depuradoras cada vez más sostenibles y energéticamente eficientes e incluso autosuficientes, como lo va a ser la nueva Edar de Vigo, que estará lista en 2017. Pero que, además, han desarrollado sistemas que llegan al Agua y al Residuo Cero, es decir, a revertir y reutilizar tanto el agua, una vez limpia y tratada, como los productos resultantes de sus residuos sólidos, los llamados efluentes.

“El paso pendiente es más cultural y político que de gestión”, afirma Fernando del Amo, responsable del Departamento de Operaciones del Área de Depuración y Medio Ambiente de Aqualia. “Los ahorros energéticos y los materiales obtenidos no necesitan demostrar su valía, ya está demostrada. Lo que si se precisa es una apuesta convencida y práctica de industrias y Gobiernos hacia la economía circular que permita su aprovechamiento”.

Hasta ahora la reutilización de aguas residuales se dedica al riego agrícola de cultivos y semilleros, al riego de parques y jardines, campos de golf, cementerios, cinturones verdes...; a la refrigeración y alimentación de calderas de algunas industrias, como la papelera; a la recarga artificial de acuíferos; a usos urbanos no potables: sanitarios, aire acondicionado, lavado de coches, riego de calles, o a la lucha contra incendios. Cuando, como dice Frank Rogalla, “hoy por hoy la tecnología debe encaminarnos a considerar las aguas residuales como una fuente de energía para la obtención de productos de gran valor añadido y ecológicamente sostenibles mediante estrategias de economía circular”.

La Comisión Europea sí parece dispuesta a promover el potencial de las aguas residuales como fuente de energía y materias primas y cuenta para ellos con un instrumento, el Water Joint Programme Iniciative, con el que financia los proyectos innovadores del sector del agua con mayor potencial de desarrollo, y con el programa Life+, que apoya los proyectos medioambientales y de conservación de la naturaleza con mayor potencial de desarrollo. De hecho, simplemente la renovación e instalación de nuevas infraestructuras y equipos, más avanzados y diseñados bajo parámetros de optimización energética, reduciría los consumos energéticos de las plantas de depuración en un 10 por ciento, según afirma el informe de PwC La gestión del agua en España, análisis de la situación actual del sector y retos futuros.

Sin embargo, la falta de cultura en materia de depuración, junto a la escasez de recursos económicos, está frenando el avance de la economía circular en este ámbito e impidiendo la aplicación de las materias primas resultantes en la industria. Esto que ocurre en toda Europa y buena parte de los países de la OCDE se agrava en España por falta de fondos.

Hace ya más de dos años que se estimaba que alcantarillado y depuración requerirían una inversión de 13.700 millones de euros para cumplir con la legislación europea. No se trata de destruir las plantas existentes, esto requeriría un esfuerzo económico importante y nadie lo entendería. “Hay que preservar las instalaciones que hay, pero adaptándolas e implementando los nuevos sistemas de control inteligentes y las tecnologías de mejor aprovechamiento de los recursos”, explica Rogalla.

Y no es un capricho o una cuestión baladí. Se sabe, por ejemplo que, en 20 años, la disponibilidad mundial de fósforo no va a satisfacer la demanda actual. Luego es más que interesante recuperar el fósforo de las aguas residuales. La situación española dista mucho de ser proclive a ese cambio.

De acuerdo con el Foro de la Economía del Agua, la red de depuradoras de aguas residuales adolece de graves problemas de adecuación de las infraestructuras: el 25 por ciento de las plantas depuradoras españolas están sobredimensionadas -sirve de ejemplo Toledo, donde la infraestructura está diseñada para tres veces la población a la que sirve, ya que fue concebida enla época de la burbuja inmobiliaria-; un 21 por ciento de las instalaciones se encuentra en la situación opuesta, es decir, no disponen de la capacidad suficiente para atender las necesidades de la población que les corresponde.

residual3Y para esto un ejemplo patente es Ibiza, “donde las plantas depuradoras que hay darían para atender las aguas residuales de 140.000 personas cuando, en julio y agosto, la población flotante es de medio millón de personas; el resultado es que en esa época, el 63 por ciento de las aguas residuales de Ibiza se vierte al mar sin tratamiento alguno”, según señala el director académico del Foro de la Economía del Agua, Gonzalo Delacámara.

A esto se suma que el 23 por ciento de las depuradoras españolas están obsoletas y un 31 por ciento de las plantas no se mantiene adecuadamente por falta de recursos; en muchos casos, están incluso desconectadas, ante el coste energético de mantenerlas conectadas. Ahorro energético y aprovechamiento de lodos El coste energético es uno de los factores limitantes para la generalización de los procesos de depuración y desalación, ya que supone, en condiciones normales, más del 50 por ciento de los costes finales del tratamiento del agua.

El esfuerzo de innovación para optimizar el consumo energético de las depuradoras es un elemento clave en las estrategias de las grandes empresas como Acciona Agua para ser competitiva y sostenible tanto en el plano económico como ambiental.

La compañía está desarrollando diversos proyectos de I+D orientados a reducir la dependencia energética de este tipo de plantas, abordando este reto en todas las etapas del proceso, por lo que la implementación de las innovaciones en las plantas puede ser independiente o combinada, permitiendo, incluso, llegar al autoabastecimiento energético pleno.

Así hay proyectos como el Renewat, que se está desarrollando en la depuradora de Archena, en Murcia, cuyo objetivo es sincronizar los procesos de las depuradoras con la disponibilidad de energías renovables integradas en la planta, lo que reducirá hasta un 30 por ciento su dependencia energética.

Este sistema de gestión inteligente, cuya tecnología resultante será aplicable en la práctica totalidad de las depuradoras, ajustará con mayor precisión el aporte de energía necesario en cada fase de la depuración, mejorando la eficiencia energética de las plantas.

Hacer sostenible desde el punto de vista energético una estación depuradora de agua residual a través de la reutilización combinada de los fangos generados por el propio proceso de depuración y de otros residuos industriales orgánicos de industrias cercanas es algo demostrado y  conseguido en España.

Al igual que minimizar la producción de fangos más de un 80 por ciento y reutilizar el agua extraída del lodo al deshidratarlo, aumentando el caudal recuperado por la depuradora. Dos de la empresas españolas más activas en lo que se refiere a investigación, desarrollo y aprovechamiento en depuración son Acciona y Aqualia.

Entre ambas lideran más de 30 proyectos de investigación y desarrollo y, aunque rivales, comparten el interés en transformar la tecnología de saneamiento para el tratamiento de aguas residuales en una industria de obtención de productos de valor ecológico que provea además agua reciclada y reduzca al mínimo el gasto energético y el coste de mantenimiento del tratamiento de aguas residuales.

Pero no son las únicas. El ámbito académico también hace sus incursiones en este tema. Así, departamentos de algunas universidades como Lequia, uno de los tres grupos de investigación de la Universidad de Girona, por poner un ejemplo, participa en Innoqua, un proyecto europeo destinado a desarrollar e implementar soluciones de tratamiento de aguas residuales para las comunidades rurales.

Se trata de desarrollar un sistema de saneamiento ecoeficiente y sostenible basado en dos tratamientos biológicos con el fin de aumentar la calidad del agua para su posterior reutilización. Todas estas investigaciones y, sobre todo, sus resultados, suponen un paso adelante en el desarrollo de una economía circular y en la construcción de ciudades inteligentes y resilientes.

Pero falta un paso más, el de convencer a gobernantes, industrias y población de que el empleo tanto de los productos obtenidos de estas aguas residuales, como de la propia agua una vez depurada no solo es garantista y económicamente interesante, sino que es necesario para contrarrestar los efectos del cambio climático y preservar un recurso imprescindible para la vida y cuyo futuro, no tan lejano, se presenta como mínimo incierto.

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Fuente: El Economista

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